Tras la muerte de Ozzy Osbourne, la leyenda del heavy metal, su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood se transformó en un verdadero altar improvisado, tal como él había soñado: con música, amor y cero solemnidad.
El artista, que falleció a los 76 años, había dicho en varias entrevistas que quería un funeral que fuera una celebración de la vida y no un momento triste. “No quiero que se insista en los malos momentos. Quiero que digan ‘gracias’”, había asegurado.
Su estrella fue rodeada por flores, vinilos, cartas, camisetas y fotos de todas las épocas, mientras fanáticos de distintas generaciones se acercaban a homenajearlo.
En una muestra del cariño popular, el servicio de metro de Los Ángeles se sumó al homenaje con un emotivo mensaje:
«Descansa en paz, Ozzy. Siempre serás recordado como el rebelde favorito del rock. No solo montaste el tren loco: lo condujiste.»
En cuanto a su música de despedida, el propio Osbourne había bromeado:
«Pongan lo que quieran… Justin Bieber, Susan Boyle o The Beatles. Pero si tengo que elegir, algo de ‘Sgt. Pepper’s’ o ‘Revolver’. Definitivamente no quiero que suene mi álbum de grandes éxitos.»










