Los almacenes y supermercados están en alerta ante la caída del consumo. Los comercios de barrio sienten el golpe del ajuste: en julio, las ventas minoristas de las PyMEs cayeron 2% respecto al año pasado y 5,7% frente a junio, según datos de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME).
Ni el aguinaldo ni las vacaciones de invierno alcanzaron para revertir un consumo que viene en baja desde hace meses y que golpea de lleno a los comercios de barrio.
La situación también está cambiando la forma de comprar: la gente se lleva lo justo y necesario, busca segundas marcas y deja de consumir productos que antes eran habituales. Enlatados, conservas y gaseosas van desapareciendo de las góndolas, reemplazados por opciones más baratas. Es la postal de un país con menos plata en los bolsillos y más incertidumbre.










