La gastronomía argentina y latinoamericana se consolida en 2025 como un motor económico y cultural, con creciente protagonismo en exportaciones y turismo especializado. Según el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, los alimentos y bebidas argentinos exportados alcanzaron los 12.500 millones de dólares en los primeros ocho meses del año, un aumento del 8% respecto a 2024. Productos como carnes, vinos, aceites de oliva y lácteos lideran la demanda internacional, mientras que la cocina regional se proyecta como un sello distintivo que atrae visitantes.
El turismo gastronómico registra un crecimiento sostenido en la región. Argentina se posiciona como uno de los destinos preferidos por viajeros interesados en experiencias culinarias, con especial foco en la Ciudad de Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y la Patagonia. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), más de 1,2 millones de turistas internacionales participaron de circuitos gastronómicos entre enero y agosto, generando ingresos por 580 millones de dólares. El auge de ferias, festivales y rutas temáticas ha potenciado la visibilidad de productos locales y la experiencia cultural asociada a la comida.
La innovación en la cocina se observa en la fusión de tradiciones locales con tendencias globales. Restaurantes y chefs argentinos incorporan técnicas internacionales y productos autóctonos, fortaleciendo la identidad culinaria. Asimismo, la alimentación saludable, el uso de ingredientes orgánicos y la cocina de autor están ganando relevancia tanto para el consumidor nacional como para el internacional, generando nuevas oportunidades de negocio y exportación.
En términos de exportaciones, el vino argentino sigue siendo un líder en la región, con envíos que superaron los 2.000 millones de dólares en lo que va de 2025. Otros productos en alza incluyen aceites de oliva, miel, alfajores y productos gourmet, que han encontrado nichos de mercado en Estados Unidos, Europa y Asia. Este crecimiento no solo beneficia a grandes empresas, sino también a cooperativas y productores regionales que logran proyectar su marca al exterior.
El turismo gastronómico también impulsa la economía interna y el empleo local. Restaurantes, bodegas, mercados y productores artesanales se benefician del flujo de visitantes, generando puestos de trabajo directos e indirectos. Programas de promoción, como festivales regionales y rutas de productos típicos, permiten a los turistas interactuar con productores y conocer la historia detrás de cada plato, fortaleciendo la experiencia y fidelizando al visitante.
De cara al futuro, la gastronomía argentina y latinoamericana enfrenta el desafío de consolidar su posicionamiento internacional sin perder autenticidad. La inversión en innovación, capacitación, marketing digital y sustentabilidad será clave para mantener el crecimiento de exportaciones y turismo gastronómico. Si se logra equilibrar tradición e innovación, la cocina regional podrá convertirse en un verdadero motor económico y cultural en los próximos años.









