La comparación con una década atrás muestra cómo el derrumbe del poder adquisitivo afectó a trabajadores, jubilados y empleados estatales, que pasaron de superar la canasta básica a quedar por debajo de la línea de pobreza.
Hace 10 años la familia de un trabajador que cobraba un poco más que un sueldo mínimo, ya no era pobre; hoy se necesitan casi 4 ingresos para superar el umbral de pobreza. La pérdida del poder adquisitivo fue tan profunda que incluso tener empleo formal ya no garantiza una vida fuera de la pobreza.
Hace 10 años, un jubilado que cobraba la mínima ya no era pobre. Hoy, está 20 puntos debajo de la canasta de pobreza. El deterioro del haber jubilatorio dejó a miles de adultos mayores dependiendo de ayudas estatales o familiares para subsistir.
Hace 10 años, un empleado público de escalafón intermedio superaba en un 40% el piso de la canasta de pobreza para una familia tipo; hoy está 30 puntos abajo. El salario estatal perdió su rol de sostén de la clase media y hoy no alcanza siquiera para cubrir necesidades básicas.
Hace 10 años un trabajador en blanco promedio cobraba un 40% por encima de la canasta básica; llegó a estar por debajo de la línea de pobreza y todavía no se recuperó del todo. La caída del salario real convirtió al empleo formal en un mecanismo insuficiente para garantizar condiciones de vida dignas.










