Por primera vez en más de dos décadas, menos del 50% de los hogares argentinos logra sostenerse solo con ingresos laborales. El nuevo dosier del INDEC revela un cambio profundo en las formas en que las familias organizan su economía: crece la dependencia del crédito, la venta de pertenencias y el uso del ahorro para cubrir gastos corrientes.
Según el relevamiento del primer semestre de 2025, el 37,4% de los hogares usó sus ahorros para llegar a fin de mes, el 50,9% recurrió a compras en cuotas o al fiado, y el 14,2% se endeudó con bancos o financieras. En conjunto, más de la mitad del país sostiene su consumo a partir de mecanismos que implican endeudamiento o descapitalización.
El contraste histórico es contundente: en 2003, solo el 20% utilizaba sus ahorros y el 22% compraba en cuotas. Dos décadas después, la proporción de hogares que viven de estrategias “no salariales” se duplicó o triplicó, reflejando una economía familiar cada vez más frágil y volátil.
La era del crédito y la pérdida de capital doméstico
El documento del INDEC confirma lo que los economistas definen como “financiarización de la vida cotidiana”: el endeudamiento dejó de ser excepcional y pasó a convertirse en una herramienta estructural de supervivencia. Uno de cada cuatro hogares tomó algún tipo de préstamo en el primer semestre del año, y en los sectores bajos, uno de cada tres recurrió al crédito, en su mayoría informal, con familiares o conocidos.
Entre los sectores medios y altos, predomina el crédito bancario o financiero. En los más bajos, la red de sostén es social y precaria: préstamos entre hogares, ayuda en especie o trueques informales.
Los hogares venden lo que tienen para sobrevivir
El 40,8% de los hogares del estrato más bajo vendió pertenencias o utilizó ahorros para sostener sus gastos. En ese universo, la frontera entre consumo y sobrevivencia se difumina: la descapitalización se volvió una estrategia económica estructural, donde se cambia patrimonio por subsistencia inmediata










