El sector panadero argentino atraviesa una crisis inédita: según el relevamiento de la Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN), en los últimos 18 meses cerraron 1.700 panaderías, lo que significó una la pérdida de 15.000 puestos de trabajo directos a lo largo de todo el país.
El impacto se explica por una combinación de factores: una caída drástica del consumo —se reporta una baja del consumo de pan en torno al 55% en los últimos dos años— y un fuerte aumento de los costos de producción, tanto en materia prima como en servicios.
Las panaderías pequeñas y medianas, que constituyen la mayoría del sector, se encontraron sin margen: dicen que a pesar de trasladar parte de los aumentos a los precios, la caída de ventas resultó insostenible.
Desde la cámara que agrupa al sector alertan además sobre un escenario de continuidad de cierres si no se adoptan medidas urgentes. En su declaración, advierten que la combinación de tarifazos en electricidad y gas, inflación en insumos y caída del poder adquisitivo impacta con especial dureza en actividades tradicionales de cercanía, como las panaderías.
Más allá del cierre de locales, la crisis evidencia una retracción del consumo masivo que presiona sobre el empleo, la producción y la economía popular. El pan, alimento fundamental en la mesa de millones de hogares, se convirtió en un termómetro de la recesión. El sector reclama políticas de alivio —subsidios, congelamiento de tarifas o ayudas puntuales— si se quiere evitar una oleada mayor de cierres y despidos.










