El cierre de Whirlpool en Pilar es la consecuencia de un proceso que se venía gestando desde comienzos de año. De acuerdo con una investigación de Página/12, la planta acumulaba meses de caída de producción, dificultades financieras y una progresiva pérdida de competitividad frente a los bienes importados, que crecieron en volumen y precio relativo en el último año.
La empresa atraviesa desde hace tiempo un escenario adverso en el mercado local: menor demanda de bienes durables, mayores costos logísticos y dificultades para sostener la estructura operativa con niveles de producción cada vez más bajos. A ello se sumó un aumento de importaciones que dejó a la compañía en una posición compleja frente a la competencia internacional.
Trabajadores consultados señalaron que desde agosto se habían reducido horas extras y turnos completos, lo que anticipaba un ajuste, pero no un cierre total. La noticia generó incertidumbre no sólo entre los empleados despedidos, sino también entre proveedores y pymes de la zona que dependían del funcionamiento de la planta.
Organizaciones sindicales advirtieron que el caso de Whirlpool no es aislado y que la industria enfrenta un escenario delicado. La caída del consumo masivo, el aumento del comercio electrónico transfronterizo y la competencia con productos importados generan un impacto que, según advierten, podría derivar en más cierres si no se implementan medidas de protección y estímulo a la producción nacional.










