El sistema bancario enfrenta una señal de alerta: la morosidad de los préstamos a personas físicas alcanzó el 10,1%, un nivel que no se registraba desde hace una década.
El fenómeno está vinculado al aumento del endeudamiento familiar y a la dificultad para sostener el pago de cuotas en un contexto de ingresos ajustados y suba de tasas.
Aunque el dato no incluye a empresas, su magnitud genera preocupación por el impacto que puede tener sobre el consumo y la dinámica económica general.
Desde el sector financiero siguen de cerca la evolución del indicador, ante el riesgo de un freno mayor al crédito al consumo.










