El índice de precios al consumidor volvió a mostrar una aceleración en noviembre, con una suba del 2,5% mensual y del 31,4% interanual. El dato confirma que, pese a la desaceleración observada meses atrás, la inflación continúa siendo un problema central.
La división vinculada a vivienda y servicios fue la de mayor incremento, reflejando el impacto de tarifas y gastos fijos sobre los hogares. En contraste, el rubro de indumentaria registró el menor aumento mensual, aunque también evidencia una fuerte caída interanual en la producción.
El aumento de precios tuvo un efecto directo sobre los indicadores sociales. El costo de la canasta básica total superó los 1,25 millones de pesos para una familia tipo, elevando el piso necesario para no ser considerado pobre.
Economistas advierten que la combinación de inflación persistente y caída de ingresos reales puede profundizar la fragilidad social. El Gobierno, por su parte, sostiene que el proceso de ajuste es transitorio y necesario.









